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Dirk… un agente inmobiliario

Dirk… un agente inmobiliario

Cuando uno empieza a trabajar siendo joven de agente inmobiliario, como cualquier persona, a uno le gustaría pensar que hace lo que hace porque quiere que le recuerden por un mérito, un logro inalcanzable con mero trabajo ordinario. Uno quiere pensar que le recordarán por algo grande que ha hecho, algo destacable. Sin embargo, en la gente normal, lo ordinario del día a día se adueña de la personalidad antes que la necesidad de aspirar a algo grande, algo digno de ser recordado. Hace falta un impulso, un cambio profundo en la vida, un principio motivador que transgreda el día a día y que ejerza la suficiente fuerza, durante suficiente tiempo para mover a la persona a actuar.

En un trabajo marcado predominantemente por el trato personal, no resulta difícil que uno deje de lado mas pronto que tarde la idea materialista de trabajar solo por dinero. De la misma manera que el médico cuida de su paciente por su ética profesional, nuestra ética profesional, nos induce a cuidar de los intereses de nuestros clientes. Ya no porque el trabajo lo requiera, sino porque crece la egoísta motivación de querer lo mejor para aquel que ha confiado en ti. La palabra se respeta, y gana fuerza el ego y el altruismo, el querer ayudar por ayudar en sí.

La evolución personal y de las perspectivas se miden en el grado de aceptación de la realidad. ¿Qué mérito tiene el éxito sin trabajo y esfuerzo? El proceso de aceptación del cambio. El proceso de duelo con todas sus fases; desde la negación, enfado, tristeza y aceptación son habituales en el día a día. Tratar con personas que han sufrido la pérdida de un ser querido son casos reales donde la persona necesita tiempo para superar la situación y aceptar el cambio.

La clave del éxito.... la perseverancia.

  • Dirk Engel
  • 26-04-2021
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